Gran oferta

Miradas que se cruzan al azar,
como rayos en la tormenta.
Da comienzo el festival,
la demanda de emergencias.

Solo hoy la Gran Oferta,
limitada y temporal,
de desdicha sin cesar.

Llegaremos a mil vueltas
danzando con la vanidad,
esclavos de su espiral
y de su efímera belleza.

Seremos almas en pena
que esperan un más allá,
aunque sea solo una hoguera
a años luz de la materia,
donde nuestros pasos y nuestra verdad
se queman.

Otro giro en la noria

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Que la vida no es simple ni redonda.
Que requiere el crimen de muchas horas
y, además, sin errar el tiro,
matar como a mosquitos
el futuro de tantas cosas…,
sin cavar tu propia fosa.

Dar pasos hacia el abismo
ocultando el rostro de derrota,
y lo inerte y lo definitivo
y la manzana en la boca,
tal vez fingiendo brillo,
quizá un ansia depredadora,
aunque solo masquemos sombras
y en los susurros clandestinos
haya más pena que gloria.

Que nos hiere cada giro,
cada vuelta en esta noria.

El perro azul

 

Fue el miércoles, durante el desayuno. Tras el segundo mordisco en mi donuts rosa, que al rato fue verde —verde hierba—, aparecieron delante de mí Raquel y Nerón. Ella con el pelo de color azul pitufo, y él —todo él— del mismo color.

—Este chucho asqueroso me ha mordido —denunció Raquel.

Han pasado ya varios días y no se sabe aún qué pasó. Si fue Nerón el que mordió a Raquel, y por eso tiene el pelo de color azul, o fue ella, después de teñirse, la que mordió al chucho y Nerón es ahora un terrier de color azul —es verosímil. Esa chica es una salvaje y solo come palomitas dulces.

Lo único seguro es que esos dos zascandiles la han liado pero bien esta vez, trastocando el orden natural con sus travesuras de colores. Y hoy, si uno mira por la ventana del piso que da al oeste, ve un parque de color turquesa, con sus arbolitos rosas y su estanque amarillo.

Raquel estornuda nubes de un tono azul petróleo. El agua del grifo sale magenta.

Y no hay forma de ir al centro en coche si no entiendes que, en cada semáforo, el tercer disco luminoso empezando por arriba hay que tomárselo como una luz verde, a pesar de ser más o menos morada, como una ciruela.

Pájaro de tormenta

Un grito en el bosque

Maledicencias

 

Atrapado en este rincón

yo maldigo

nuestro común divisor

y los caracteres retroactivos.

 

Maldigo esa clase de brillo

tras solo pulsar un botón.

 

Maldigo el terror al reloj.

Y aterrizar con artificio

desde el espacio exterior

solo por rizar el rizo,

por ser un simio superior.

 

Yo maldigo

al que remueve los ríos

para ser buen pescador.

 

Maldigo

al que sirve a ese viento traidor

que arrastra clamor

y no es más que ruido.

 

Sí, pequeña, yo maldigo

los escombros de esta dimensión,

pues hoy muero de frío

en este oscuro rincón

donde una vez nos quemamos vivos,

abrazados tú y yo.

Fiera luz

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Creer, crecer.

Flotar, soltar.

Calmar la sed.

Saber estar.

 

Entrar con buen pie.

Salir de lo normal

y despertar

por algo que soñé.

 

Provocar, tentar,

cambiarlo todo de lugar

y, al menos una vez,

dudar de lo que ves.

 

Sumar, multiplicar.

Cosechar versos de más.

Un segundo de cero a cien

y kilómetros de brasas por recorrer.

 

Pocas piedras, menos tijera y más papel.

Nunca jamás… hablar por hablar.

Amerizar, alunizar, alucinar.

Embriagarse de ser.

 

Robarte un lunar.

Amar sin querer.

Y, qué más da,

perder el último tren.

 

Tartamudear siempre que estás.

Gritar si no te puedo alcanzar.

Y en algún más allá,

caer por perder

nuestro equilibrio sin red.

 

Caer en tu lugar.

Y en tu fiera luz…

anochecer.

Saltar en pedazos

Six Gods

 

Por no medir las palabras.

Por maldiciones y emboscadas.

Por creerse superbárbaros.

Por tantas caricias afiladas…

Colorín colorado,

se consumieron, al fin y al cabo.

 

Y como monos en el agua

pronto bucearon

dentro de una caja.

Los peces tontos del acuario,

que por algún motivo arcano,

y a mil besos de distancia,

volvían siempre a casa,

a aquellos mismos brazos,

aunque les costara caro.

 

Tan bohemios como malvados,

reiniciaban

su siniestra maquinaria

de respuestas trampa.

 

Se les hacía tan extraño

ser el cazador cazado,

dejar la furia aparcada…

no matar las moscas a cañonazos.

 

Así que se echaron el último vistazo,

mientras su orgullo contraatacaba

y su doble filo rondaba sus gargantas.

 

Se dieron el visto malo.

Vertieron la hiel de su mirada

sobre sí mismos, dos fantasmas.

Pues, al fin y al cabo,

y colorín colorado,

su cuento se había acabado,

cómplices los dos de asesinato,

catedráticos del amor y de la mafia.

Tristes malas ratas.

Cacorrománticos

que aniquilaron la magia

con aquella rabia, con tanta calma

como se aplasta una cucaracha.

 

Ayer, al fin, quedaron

para saltar en pedazos.

Mañana empiezo

 

Mañana empiezo, lo prometo,

la dieta de sangre y dinamita

y la gran carrera por tus venas.

 

Mañana fijo el blanco de mis versos.

Mañana le hago la zancadilla

a nuestras almas en pena.

 

Mañana Rock y puntería.

Manzanas a las cabezas.

Y a las manzanas flechas.

 

Y ya, si eso…,

terminar lo que empiezo,

poner del revés la vida,

revolver y volver a empezar,

robar de la trampa el queso

y cada noche tu medicina,

en su justa medida…

 

Que es mejor esta enfermedad

que su maldito remedio.

Mi abismo preferido

 

Te invito a que abras la puerta

de mi abismo preferido.

Allí es donde acaricio

sueños y panteras.

Allí bailo con delirios.

Allí no crece mala hierba.

 

No tardes, ardilla, entra

en mi abismo favorito,

y despacito,

buena letra,

descubrirás conmigo

que vale la pena

hacerle al dolor la guerra,

matar los puntos suspensivos,

enterrar las horas muertas

y olvidar esas afrentas

que algún diablo puso y quiso.

 

Entra rampante, a toda vela.

Sobrevuela

lo humano y lo divino.

Suelta tu cobriza melena

y que alcance las estrellas,

presas de nuestro hechizo,

hoy dicharacheras.

 

Que aquí somos forajidos

y escapamos, Cenicienta,

de aquel invierno tan frío

y del más letal asesino:

el Tiempo y sus esferas,

que nos devoran vivos.

 

Vamos, niña, entra,

corazón perdido

en veredas soñolientas.

Nos probarenos mil caretas

para ser siempre los mismos,

tú y yo de cualquier manera,

fugaces y clandestinos

en mi abismo preferido.