El hada encerrada en un frasco de cristal

A veces tiento a la suerte,
y al instante me alcanza esa chica nuclear,
con su guerra de adjetivos que vuelan como cuchillos.

Entonces busco el uniforme de capitán,
de fondo y forma formidables.
Capitán de una nave llamada Calamidad.
Guerrero y pájaro de ruido y tinta,
que huele a leguas el perfume de lo letal.

¿Qué tal estás, princesa nuclear?

Y quedamos, como prometimos hace tiempo,
para un apocalipsis informal,
y dejar en ruinas la apariencia,
volar por los aires este falso bienestar
y renegar de la ignorancia que requiere toda felicidad.

Hacemos acopio de coraje, y esta vez sí, somos mucho más valientes
y soltamos ese monstruo que encerramos en el desván.

Y, al final, serás el término rebelde en esta ecuación,
mientras yo me lanzo en mi nave espacial.
Y habré de alcanzar con la mirada lo archidesconocido.
Tan malo es pasearse como no llegar.
Tan nefasto como una infancia vacía, una verdad enferma
y un qué más da.

Pero se acabó jugar con la muerte,
princesa triste y nuclear,
¿Aún llevas ese as escondido en la garganta?
¿Aún vendrás conmigo alguna noche a susurrar?

Bailarás sin música, mirarás profundo
y pediré, otra vez, que te quedes un poco más,
por ver como tu magia claudica
y das tu brazo a torcer
y ya no evitas la victoria del Mal.

Pero aún tiritas, aún meditas y enamoras al silencio,
como un hada encerrada en un frasco de cristal.

“glass jar” by Steve A Johnson is licensed under CC BY 2.0

Por cierto

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Por cierto,
sé que, en el ruido del orgullo,
encuentras otros títeres ardiendo.

Y sé que hace poco han vuelto
tus días semiautomáticos
y la espiral de amores por decreto.
Sé que narras historias de carretera y madrugada
y dulcificas crónicas de abrazos y besos,
pero cosechas maldiciones aunque siembres deseos.

Corcel de rabia y sombra,
que galopas sin freno,
dueño de tus riendas el azar…
Fuiste furia, eres niebla, serás alto secreto.

Si bien y por cierto,
sigue ocultando tu sonrisa ese lado siniestro.
Lo veo en tu figura a contraluz:
el demonio en prácticas
o quizá el ángel inexperto.

Y eres avalancha de duda,
puro miedo y puro juego,
y un donde digo “digo”
digo “Diego”.
Y un “mejor te mato,
porque si no me muero”.

Y te aterra la exactitud de la nada.
Por eso me coges y me llevas como un amuleto,
para atravesar este bosque de gritos,
para ser tu guardián entre el centeno.

Por demás y por cierto…

Te aferras a esas tus nadas tan exactas.
Sabes que todas juntas suman cero
y, a pesar de ello, lo esperas todo:
Que esté yo a la altura de tus encantos,
que estés tú a la profundidad de mis versos.

Y que, a golpe de colmillo,
te hayas ganado alguna clase de cielo
en el que no haya últimos, solo primeros,
unas pocas princesas de barrio y unos cuantos príncipes vándalos.

Ni más, ni menos.

8626817319_c505b8c533_b“Abandoned Car” by phrawr is licensed under CC BY 2.0

Sistema de ficciones

Hoy has salido a la calle
con esa sonrisa nueva.
Hoy estrenas tu sistema de ficciones,
alambicado desorden sin alterar los factores.
Sonrisa nueva, factor sorpresa.

Otra vida azul y con burbujas
en un lejano y desierto planeta,
entre la nebulosa de la ambición
y las pléyades de la apariencia.

Gastas la risa más cara del mundo,
y eres esa canción sin letra
que tararean en la oscuridad
los espectros, las almas en pena.

Emociones portátiles e inflamables.
Cada mañana renaces en la hoguera
y, rehén del artificio y el entusiasmo,
contemplas cómo te reinventas,
mientras reúnes los escombros de un corazón
al que siempre le faltaron piezas.

Olimpíada de la extravagancia.
Todos los días tabula rasa, y fiesta.
Ruges y saltas, muerdes y vuelas, eres sin estar…
Das la callada por respuesta.

Y ya no abrazas, ya no besas,
pues nunca nada —ni por azar— te queda cerca.

Tan afilado como la noche,
tu intrincado sistema de ficciones
lo transforma todo en piedra.

Millones de pasos,
miles de vueltas.
¿He crecido yo en este árbol? ¿Soy este cuervo blanco?

Muerdes y vuelas; ríes pero rezas.
Y, por perder la memoria,
no te importa perder la cabeza.

El maquinista

Soñé que conducía un viejo tren
bajo las telas de la noche
y, en cada uno de los vagones,
viajaba una inédita versión de mí.

Fantasmas silenciosos e insomnes,
vírgenes en la desdicha.
Meros clones.
Emigrantes aún sin nombre
de otras vidas por vivir.

Sorteé sistemas y naciones,
enfermo de velocidad.
Quise ser un ángel multiforme
y no este animal asustadizo
que rehuye las ocasiones
de reírse de sí mismo.

Quiero que conste
que llegué a muchos destinos
pero a pocos corazones
cada noche de ferrocarril.

Y ahora que ya no piso tus talones,
tú que brillas en la superficie,
¿acaso no me reconoces?

Soy el maquinista.

Vengo de lo profundo, entre bastidores,
para llevarte conmigo y hacerte viajar.

“Train art” by mripp is licensed under CC BY 2.0

Perder el rumbo

Fui de los pocos alumnos
que por saberlo todo de memoria
suspendió el curso.

Así que decidí perder el rumbo
en pos de un arcoíris en escala de grises.

Quise dar las vueltas de un vagabundo,
dar los giros de la mala vida,
diluirme en la mecánica de lo absurdo
y las mareas de lo volátil;
aprender todo género de embrujos.

Olvidé el gélido rostro del pasado
y salté esos muros
escritos en las líneas de mis manos.

Fui ácido, grotesco, inconsistente.
Me deshice en cálidos susurros
e intrincadas miniaturas,
y encontré en un rincón oculto
las palabras exactas que todo lo apaciguan.

Como quise perder el rumbo,
estudié la alquimia de la voluntad,
y enfermó mi cuerpo, y lo vi justo,
por beber vino y verdad
y nunca jamás llevar escudo.

Derroché toda mi magia, todos mis trucos,
por ser tan preciado como extraño.

Alejé de mí de todo este humo
que venden en el mercado y dicen que necesita
ese montón de polvo que llaman individuo.

Supe que todos los caminos llevan a Roma,
y en todos ellos quise perder el rumbo
y, además, perder mi turno
de desfallecer en brazos de fuego.

Hoy hago un hogar del inframundo.
Rasgo las horas,
y se me rompen, frágiles, los segundos,
y, esclavo de mi libertad,
me bato en duelo con el futuro.

Y no conozco meta ni destino,
no tengo huella ni remedio,
pues ya no tengo ningún rumbo.

Reina del Laberinto /Labyrinth Queen“Reina del Laberinto /Labyrinth Queen” by Zyan is licensed under CC BY 2.0

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