Todo llega

Todo muere, todo empieza…

Chillamos como cerdos
en este dulce matadero
donde todo muere, pero todo llega,
como lluvia de pétalos en la mano,
como la miel de los días soleados.

Quizá es cuestión de métrica
la ingeniería de un abrazo,
la alquimia pluscuamperfecta
de todas esas…
tus palabras muertas entre mis labios.

Giramos entre las esferas,
torpes, párvulos, envenenados
por el aguijón de los años.

Todo muere, aunque todo llega
tras las cenizas de esta era,
mientras tú y yo nos comemos
al compás de nuestro fuego.

Arrancaré promesas de tu lengua,
y si te vas, si te alejas,
guardaré el eco de tu alma
diez sombrías primaveras.

Construiré el mañana que nos aguarda
con esa frágil esperanza
de que todo muere pero todo llega,
y todas las cosas amenazan
y siempre se reflejan
en tus ojos de tormenta.

Incendiario

 

Se me enciende el alma…

Y creo escupir verdad
cuando vomito leones
contra todos esos corazones
que solo quieren paz.

Se me enciende el alma
cuando juego con ventaja.

Y lo consigo…
en-can-tar
e incendiar las emociones,
aunque no dejo de temblar
anhelando más calamidad,
comiendo más peones,
en el juego de la noche,
jugando a hipnótico ejemplar
de animal desnudo y de juglar
encerrado en esta torre.

Séptima Guerra Mundial

 

Fue en la Primera Guerra Mundial
que tropezaron en este nudo
nuestros ciegos mundos,
hambrientos de oscuridad.

Fue en la Segunda Guerra Mundial
que nos colamos por el embudo
de lo feroz y de lo absurdo.
O sea, nosotros, en general…

Dulce niña del cucurucho,
que asediaste todos mis muros,
desvelándote mujer fatal
detrás de tu gran escudo.
Mientras yo, sanguinario mariscal,
fui el torpe dramaturgo
de la siguiente: la Tercera Guerra Mundial.

Sin duda recordarás
que fue en la Cuarta Guerra Mundial
cuando lo muy mío y lo tan tuyo
inventaron este concurso
en el que muere el primero en disparar,
por algún extraño embrujo.

Quedaba amor por bombardear,
en la Quinta Guerra Mundial.
Y, con furia y tumulto,
bramaron los cañones del orgullo.
Hubo en los besos maldad.
Hubo fuego en el paladar.
Hubo batallas sinnúmero.

La Sexta Guerra Mundial,
a falta de paz,
nos trajo el infortunio
de obviarnos por desuso.
Ayer cargados de electricidad,
nos negamos todo saludo
que no fuera militar.

Divídenos y vencerás
en esta, ya, la Séptima Guerra Mundial
de animales ilusos
hirviendo en alquitrán
con sueños más que difuntos,
que aún combaten pertinaces y nocturnos,
víctimas de su ley marcial:

Querer ser más
queriendo ser solo uno.

Rumiantes

Rumiantes de conceptos,
almas llenas de vértigo,
traficantes de los sueños,
melancólicos falsarios,
marionetas por defecto
y siervos de mil verbos…

Animales cartesianos,
recibid mi abrazo gélido.
Traspasad de mi mano
mi horizonte de sucesos.

Corazones amargos,
seréis un día mi frugal bocado.

(Fragmento del poema gráfico Gula. Próximamente)

La bruja errante

Gran oferta

Miradas que se cruzan al azar,
como rayos en la tormenta.
Da comienzo el festival,
la demanda de emergencias.

Solo hoy la Gran Oferta,
limitada y temporal,
de desdicha sin cesar.

Llegaremos a mil vueltas
danzando con la vanidad,
esclavos de su espiral
y de su efímera belleza.

Seremos almas en pena
que esperan un más allá,
aunque sea solo una hoguera
a años luz de la materia,
donde nuestros pasos y nuestra verdad
se queman.

Otro giro en la noria

future_365.jpg

 

Que la vida no es simple ni redonda.
Que requiere el crimen de muchas horas
y, además, sin errar el tiro,
matar como a mosquitos
el futuro de tantas cosas…,
sin cavar tu propia fosa.

Dar pasos hacia el abismo
ocultando el rostro de derrota,
y lo inerte y lo definitivo
y la manzana en la boca,
tal vez fingiendo brillo,
quizá un ansia depredadora,
aunque solo masquemos sombras
y en los susurros clandestinos
haya más pena que gloria.

Que nos hiere cada giro,
cada vuelta en esta noria.

El perro azul

 

Fue el miércoles, durante el desayuno. Tras el segundo mordisco en mi donuts rosa, que al rato fue verde —verde hierba—, aparecieron delante de mí Raquel y Nerón. Ella con el pelo de color azul pitufo, y él —todo él— del mismo color.

—Este chucho asqueroso me ha mordido —denunció Raquel.

Han pasado ya varios días y no se sabe aún qué pasó. Si fue Nerón el que mordió a Raquel, y por eso tiene el pelo de color azul, o fue ella, después de teñirse, la que mordió al chucho y Nerón es ahora un terrier de color azul —es verosímil. Esa chica es una salvaje y solo come palomitas dulces.

Lo único seguro es que esos dos zascandiles la han liado pero bien esta vez, trastocando el orden natural con sus travesuras de colores. Y hoy, si uno mira por la ventana del piso que da al oeste, ve un parque de color turquesa, con sus arbolitos rosas y su estanque amarillo.

Raquel estornuda nubes de un tono azul petróleo. El agua del grifo sale magenta.

Y no hay forma de ir al centro en coche si no entiendes que, en cada semáforo, el tercer disco luminoso empezando por arriba hay que tomárselo como una luz verde, a pesar de ser más o menos morada, como una ciruela.

Pájaro de tormenta

Un grito en el bosque